Las Bienaventuranzas

«Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece …¡Alégrense! ¡Estén contentos, porque les espera una gran recompensa en el cielo! —Mateo 5:3, 12 NTV

 

Ningun elemento de las enseñanzas de Jesucristo inspira más ternura en el corazón humano que las famosas “bienaventuranzas.”  El mensaje central de Jesús proclamaba que, con su advenimiento, el Reino de Dios se había acercado a la humanidad. En las bienaventuranzas, Jesús señala el impacto del Reino para los que sufren en el mundo.

 

No solamente menciona Jesús a los pobres en espíritu; también destaca a “los que lloran, los humildes, los que tienen hambre y sed de justicia, los compasivos, los DE corazón puro, y los que procuran la paz.” También incluye a los que sufren persecución, burla, y maldición porque son seguidores de Cristo. Dios bendecirá a todos ellos cuando el Reino DESPLACE AL orden mundial y establezca la justicia divina en la tierra.

 

Los inmigrantes y sus defensores sentimos un instinto de aplicar estas bienaventuranzas directamente al inmigrante.  ¿Quiénes cualifican como “pobres en espíritu” si no ellos? ¿Quiénes lloran más? ¿Quiénes tienen más hambre de justicia?  ¿En nuestros días, quiénes sufren más de persecución, burla, o maldición?  Sin embargo, debemos fijarnos bien en lo que dijo Jesús.  Dios bendice a los que sufren esas contradicciones por seguir a Cristo.

 

El sufrimiento en sí no redime a nadie; no ennoblece a nadie.  Sólo destruye a las personas y sus sueños, anhelos y esperanzas. Pero todo el mundo puede redimir su sufrimiento cuando entregue ello a Cristo.  Cuando nuestra inmigración se dedica a Cristo, cuando convertimos nuestra andanza perdida en un perigrinaje santo, ya no sufrimos en vano.  El Reino de Dios comienza a obrar en nosotros, convirtiendo nuestros sufrimientos en bienaventuranzas.  Las peripecias de nuestra jornada terrenal nos llevarán a la bendición ahora y a una gran recompensa en el cielo.

 

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados. joseph.castleberry@northwestu.edu

Dr. Joseph Castleberry es presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es author de The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (próximamente en August 2015, Worthy Publishing). Sígalo en Twitter @DrCastleberry y  en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

 

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The Beatitudes

God blesses those who are poor and realize their need for him, for the Kingdom of Heaven is theirs … Be happy about it! Be very glad! For a great reward awaits you in heaven.Matthew 5:3,12 NLT

 

 

 

No element of the teachings of Jesus inspires greater tenderness in the human heart than the famous Beatitudes. The central message of Jesus proclaimed that, with his advent, the Kingdom of God had drawn near to humanity. In the Beatitudes, Jesus signals the impact of the Kingdom on those who suffer in the world.

 

Not only does Jesus mention the poor; he also points at those who mourn, the humble, those who hunger and thirst for justice, the merciful, the purehearted, and the peacemakers. He also includes those who suffer insults, persecution and false accusations for following Jesus. God will bless them all when the Kingdom turns the world order upside-down and establishes divine justice on the earth.

 

Immigrants and their defenders feel an instinct to apply the Beatitudes directly to immigrants. Who qualifies as “poor in spirit” if not them? Who mourns more? Who hungers more for justice? In our times, who suffers more from insults, persecution, or false testimony? Nevertheless, we should pay close attention to what Jesus said. God blesses those who suffer these contradiccions for following Jesus.

 

Suffering in itself doesn’t redeem anyone; it ennobles no one. It only destroys people, their dreams, longings, and hopes. But everyone can redeem their suffering by surrendering it to Christ. When we dedicate our migration to Christ, when we convert our lost wandering into a holy pilgrimage, we no longer suffer in vain. The Kingdom of God begins to work in us, converting our sufferings into blessings. The events of our earthly journey will bring us blessings now and a great reward in Heaven.

Copyright©2013 by Joseph L. Castleberry.  All Rights Reserved. joseph.castleberry@northwestu.edu

Dr. Joseph Castleberry is president of Northwest University in Kirkland, Washington.  He is the author of The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (forthcoming in August 2015, Worthy Publishing). Follow him on Twitter @DrCastleberry and at http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

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El Exilio: Camino al Poder

Después de que los sabios se fueron, un ángel del Señor se le apareció a José en un sueño. «¡Levántate! Huye a Egipto con el niño y su madre —dijo el ángel—. Quédate allí hasta que yo te diga que regreses, porque Herodes buscará al niño para matarlo».  Esa noche José salió para Egipto con el niño y con María, su madre, y se quedaron allí hasta la muerte de Herodes.—Mateo 2:13-15 NLT
Durante mis años como expatriado viviendo en cierto país, varios líderes nacionales huyeron al extranjero para evitar el encarcelamiento.  Una vez cuando lamenté la salida de uno de ellos, un amigo me dijo, “No se preocupe de él.  Aquí uno no puede llegar a la presidencia mientras no haya sufrido primero el exilio político.”  El estatus de exiliado en otro país puede constatar el patriotismo dramático que el máximo liderazgo demanda.
Sin embargo, el exilio político es una ofensa grave contra los derechos humanos.  El Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos insiste que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones.”  También esa fortaleza de la libertad dice que “En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país (Artículo 14).”
Como dice el documento católico Exsul Familia Nazarethana:
Jesús, María y José, emigrantes a Egipto y refugiados allí para sustraerse a las iras de un rey impío, son el modelo, el ejemplo y el consuelo de los emigrantes y peregrinos de todos los tiempos y lugares y de todos los prófugos de cualquiera de las condiciones que, por miedo de las persecuciones o acuciados por la necesidad, se ven obligados a abandonar la patria, los padres queridos, los parientes y a los dulces amigos para dirigirse a tierras extrañas.
De acuerdo con Mateo 25:40, cuando servimos a tales como ellos, ministramos a Jesús de la misma manera.
El exilio a Egipto no representó la primera vez que Jesús abandonara sus derechos para nuestro bien.  Antes de despojarse de sus derechos humanos, Jesús había puesto a un lado sus derechos divinos para tomar la forma humana (Filipenses 2:7).  Y no fue el exilio a Egipto la última vez que él tuviera que suspender sus derechos para nosotros, sino la primera instancia de una larga seria de contradicciones. Al final, su exilio del cielo y el sacrificio de sus derechos hizo posible el día inexorable de su coronación como rey vitalicio de la humanidad.  Y su vida y reino serán eternos.

 

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Dr. Joseph Castleberry es presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es author de The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (próximamente en August 2015, Worthy Publishing). Sígalo en Twitter @DrCastleberry y  en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

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Exile: The Path to Power

After the wise men were gone, an angel of the Lord appeared to Joseph in a dream. “Get up! Flee to Egypt with the child and his mother,” the angel said. “Stay there until I tell you to return, because Herod is going to search for the child to kill him.” That night Joseph left for Egypt with the child and Mary, his mother, 15 and they stayed there until Herod’s death. This fulfilled what the Lord had spoken through the prophet: “I called my Son out of Egypt.”—Mathew 2:13-15 NLT

 

During my years as an expatriate living in a certain place, several national leaders fled the country to avoid imprisonment. Once when I lamented the leaving of one of them, a friend said to me, “Don’t worry about him. In our country you can’t rise to the presidency unless you have first suffered political exile.” The status of exile can serve as proof of the dramatic patriotism that maximum leadership demands.

Nevertheless, political exile constitutes a grave offense against human rights. Article 19 of the Universal Declaration of Human Rights insists that “Everyone has the right to freedom of opinion and expression; this right includes freedom to hold opinions without interference. That fortress of liberty also states that Everyone has the right to seek and to enjoy in other countries asylum from persecution (Article 14).”

As the Roman Catholic document “Exsul Familia Nazarethana” says:

Jesus, Mary and Joseph, living in exile in Egypt to escape the fury of an evil king, are, for all times and all places, the models and protectors of every migrant, alien and refugee of whatever kind who, whether compelled by fear of persecution or by want, is forced to leave his native land, his beloved parents and relatives, his close friends, and to seek a foreign soil.

 

According to Mathew 25:40, when we serve such people, we minister to Jesus in the same way.

 

The exile to Egypt did not represent the first time Jesus would abandon his rights for our wellbeing. Before emptying himself of his human rights, Jesus had put aside his divine rights by taking human form (Philippians 2:7). And the flight to Egypt wasn’t the last time he would suspend his human rights for us, but rather the first instance in a long series of ironies. In the end, his exile from Heaven and the sacrifice of his human rights made possible the inexorable day of his coronation as King for life over all humanity. And his life and reign will be eternal.

 

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Reorientados, Los Sabios Volvieron del Poniente

. . . Algunos sabios de países del oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella mientras salía y hemos venido a adorarlo» . . . 10 Cuando vieron la estrella, ¡se llenaron de alegría! 11 Entraron en la casa y vieron al niño con su madre, María, y se inclinaron y lo adoraron. Luego abrieron sus cofres de tesoro y le dieron regalos de oro, incienso y mirra. 12 Cuando llegó el momento de irse, volvieron a su tierra por otro camino, ya que Dios les advirtió en un sueño que no regresaran a Herodes.—Mateo 2:1-12 NTV

No todos los que viajan de país en país son inmigrantes.  Los sabios que visitaron el pesebre de Jesucristo vinieron como peregrinos.  Aunque su fe en la astrología nunca les habría hecho entender el significado de la Estrella, Dios reconoció la sinceridad de su fe y les comunicó que el nacimiento del Rey de los Judíos llevaba gran significado cósmico y personal.  Tuvieron que ir hacia el poniente para poder orientarse.  Decidieron ofrecer su adoración al niño divino y comenzaron un periplo al poniente, navegando por fe durante todo el camino.  Como Abraham en la antigüedad, no sabían a donde iban.  Enfrentaban dudas, desafíos, peligros y sacrificios.  Pero al final, volvieron a su país ricamente recompensados, compartiendo sus cuentos peregrinos desde la cuna de salvación.

Muchos extanjeros encuentran a Jesucristo en medio de sus viajes.  Tal vez el motivo que les impulsa sea económico o laboral.  Algunos por la aventura viajan, y otros buscan algo indefinible.   Pero Dios sabe la razón por la que les puso en camino al Salvador.  Sin que ellos lo sepan, Dios los guía hasta que encuentran a Jesús y le ofrecen su adoración y sus tesoros.

Tales personas, al regresar a su país de origen ya no son meros turistas o viajeros o trabajadores migrantes.  Se convierten en peregrinos inadvertidos.  No sabían que su destino divino les llevaba al conocimiento de Dios.  Nunca sospechaban que volverían a su patría como misioneros.  Por el resto de sus vidas, compartirán la historia de como el Señor les condujo a la Cuna de Salvación.

En antaño la decisión de inmigrar implicaba que la gente nunca volviera a su hogar original.  Con el advenimiento del avión y la globalización, los inmigrantes ahora vuelven más facilmente a su casa.  Los que han conocido a Cristo en ultramar muchas veces tienen la dicha de volver a compartir el evangelio con sus familiares y amigos.

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Reoriented, The Wisemen Head West

… Some wise men from eastern lands arrived in Jerusalem, asking, “Where is the newborn king of the Jews? We saw his star as it rose, and we have come to worship him.”  … When they saw the star, they were filled with joy! They entered the house and saw the child with his mother, Mary, and they bowed down and worshiped him. Then they opened their treasure chests and gave him gifts of gold, frankincense, and myrrh.  When it was time to leave, they returned to their own country by another route, for God had warned them in a dream not to return to Herod.—Mathew 2:1-12 NLT

Not everyone who travels from country to country is an immigrant. The wisemen who visited the manger where Jesus lay came as pilgrims.   Although their faith in astrology  would never have helped them understand the full significance of the Star, God recognized the sincerity of their faith and revealed to them that the birth of the King of the Jews carried both cosmic and personal significance.  They had to go west in order to get orientation for their lives.  Deciding to offer their worship to the divine child, they began their journey westward, navigating by faith the whole way.  Like Abraham of old, they did not know where they were going.  The confronted doubts, dangers, challenges, and sacrifices.  But in the end, they went back to their country richly rewarded, sharing their pilgrim tales from the very cradle of salvation.

Many foreign travelors find Jesus in the midst of their journey. Perhaps an economic or employment  motive drives them.  Maybe they travel for adventure.  Some of them search for something undefinable.  But God knows the reasons that put them on the road to the Savior.  Without their knowing it, God guides them until they find Jesus and offer him their worship and their treasures.

Such people, upon their return to their place of origin no longer travel as tourists or wanderers or migrant workers.  The have been converted into accidental pilgrims.   They didn’t know that their divine destiny would carry them to the knowledge of God.  They never suspected that they would return to their country as missionaries.  For the rest of their lives, they will share the story of how the Lord led them to the cradle of salvation in a distant land.

In olden days, the decision to immigrate implied that people would never return to their original home.  With the advent of the airplane and globalization, today’s immigrants go home more easily.  Those who have met Christ overseas often have the good fortune of going back to share the Gospel with their family and friends.

 

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Jesucristo, Descendiente de Una Familia de Inmigrantes

El siguiente es un registro de los antepasados de Jesús el Mesías, descendiente de David y de Abraham: … Judá fue el padre de Fares y de Zara (la madre fue Tamar) … Salmón fue el padre de Booz (su madre fue Rahab). Booz fue el padre de Obed (su madre fue Rut) … David fue el padre de Salomón (su madre fue Betsabé, la viuda de Urías) … Jacob fue el padre de José, esposo de María. María dio a luz a Jesús, quien es llamado el Mesías.—Mateo 1:1-16, NTV

Las genealogías desempeñaron un rol muy importante para el pueblo judío, igual como hacen para muchas personas hoy en día.  Nos cuentan acerca de quiénes somos y de dónde venimos.  Preservan, por medio de sus relatos, un registro de los valores de nuestras familias de generación en generación.

En esta genealogía ofrecida por Mateo, se llevan memorias preciosas de la familia de Jesucristo.  Sus parientes sabían, como hijos de Abraham, el enviado de Dios, que llevaban el destino de bendecir a todas las familias de la tierra (Génesis 12:3).  Como todos los judíos, confesaban que su “antepasado Jacob era un arameo errante que fue a vivir como extranjero a Egipto” (Deuteronomio 26:5).  Como descendientes de inmigrantes, la familia de Jesucristo amaba al extranjero.  Esto se ve en el hecho que cuatro de las cinco mujeres mencionadas en la genealogía—Tamar, Rahab, Ruth, y Betsabé—se casaron con extranjeros.

Algo más de notar en esta lista de mujeres: a todas les acompañaba una reputación pecaminosa.  La cananea Tamar se vió obligada a prostituirse con Judá para obtener lo que él le debía.  Rahab, también cananea, dejó una vida de prostitución para unirse con el pueblo de Dios.  Ruth la moabita se ofreció a Booz en una historia arriesgada cuyo final pudo haber terminado desastrosamente.   La tragedia de Urías el hitita lanzó una sombra que permanece hasta el día de hoy sobre el carácter de su esposa Betsabé.  María quedó embarazada en condiciones que aparentaban verguenza ante su sociedad.  Una cosa queda innegable:  a pesar de sus errores, estas mujeres fueron amadas por la familia de Jesúscristo, cuál familia descendida de inmigrantes preservados por la gracia de Dios.

La inmigración tiende a romper la memoria familiar de generaciones anteriores, aunque algunos descendientes de inmigrantes hacen el intento de recuperar su linaje a través de la investigación geneológica. La gente quiere saber de quiénes descienden, de donde vienen, y cuáles valores albergaron sus ancestros.   La migración constante durante la historia del pueblo judío significa que ninguna familia en el día de hoy puede comprobar su membresia en la familia de David, aunque es matemáticamente seguro que todos los judíos llevan por lo menos una pisca de su genética.

Espiritualmente, todos los cristianos son hijos de Abraham y miembros de la familia de Cristo.  Un valor de nuestra familia es el amor a los extranjeros y la prioridad de la gracia que ha rescatado a todos nosotros de nuestra reputación como pecadores.

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