Jesucristo, Descendiente de Una Familia de Inmigrantes

El siguiente es un registro de los antepasados de Jesús el Mesías, descendiente de David y de Abraham: … Judá fue el padre de Fares y de Zara (la madre fue Tamar) … Salmón fue el padre de Booz (su madre fue Rahab). Booz fue el padre de Obed (su madre fue Rut) … David fue el padre de Salomón (su madre fue Betsabé, la viuda de Urías) … Jacob fue el padre de José, esposo de María. María dio a luz a Jesús, quien es llamado el Mesías.—Mateo 1:1-16, NTV

Las genealogías desempeñaron un rol muy importante para el pueblo judío, igual como hacen para muchas personas hoy en día.  Nos cuentan acerca de quiénes somos y de dónde venimos.  Preservan, por medio de sus relatos, un registro de los valores de nuestras familias de generación en generación.

En esta genealogía ofrecida por Mateo, se llevan memorias preciosas de la familia de Jesucristo.  Sus parientes sabían, como hijos de Abraham, el enviado de Dios, que llevaban el destino de bendecir a todas las familias de la tierra (Génesis 12:3).  Como todos los judíos, confesaban que su “antepasado Jacob era un arameo errante que fue a vivir como extranjero a Egipto” (Deuteronomio 26:5).  Como descendientes de inmigrantes, la familia de Jesucristo amaba al extranjero.  Esto se ve en el hecho que cuatro de las cinco mujeres mencionadas en la genealogía—Tamar, Rahab, Ruth, y Betsabé—se casaron con extranjeros.

Algo más de notar en esta lista de mujeres: a todas les acompañaba una reputación pecaminosa.  La cananea Tamar se vió obligada a prostituirse con Judá para obtener lo que él le debía.  Rahab, también cananea, dejó una vida de prostitución para unirse con el pueblo de Dios.  Ruth la moabita se ofreció a Booz en una historia arriesgada cuyo final pudo haber terminado desastrosamente.   La tragedia de Urías el hitita lanzó una sombra que permanece hasta el día de hoy sobre el carácter de su esposa Betsabé.  María quedó embarazada en condiciones que aparentaban verguenza ante su sociedad.  Una cosa queda innegable:  a pesar de sus errores, estas mujeres fueron amadas por la familia de Jesúscristo, cuál familia descendida de inmigrantes preservados por la gracia de Dios.

La inmigración tiende a romper la memoria familiar de generaciones anteriores, aunque algunos descendientes de inmigrantes hacen el intento de recuperar su linaje a través de la investigación geneológica. La gente quiere saber de quiénes descienden, de donde vienen, y cuáles valores albergaron sus ancestros.   La migración constante durante la historia del pueblo judío significa que ninguna familia en el día de hoy puede comprobar su membresia en la familia de David, aunque es matemáticamente seguro que todos los judíos llevan por lo menos una pisca de su genética.

Espiritualmente, todos los cristianos son hijos de Abraham y miembros de la familia de Cristo.  Un valor de nuestra familia es el amor a los extranjeros y la prioridad de la gracia que ha rescatado a todos nosotros de nuestra reputación como pecadores.

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Jesus: Descendent of an Immigrant Family

This is a record of the ancestors of Jesus the Messiah, a descendant of David and of Abraham: … Judah was the father of Perez … (whose mother was Tamar).  Salmon was the father of Boaz (whose mother was Rahab). 
Boaz was the father of Obed (whose mother was Ruth)
… David was the father of Solomon (whose mother was Bathsheba, the widow of Uriah) …  Jacob was the father of Joseph, the husband of Mary.
 Mary gave birth to Jesus, who is called the Messiah.—Matthew 1:1-16

Genealogies played an important role for the Jewish people, just like they do for many people today.  They tell us where and who we came from.  Through the stories they tell, they preserve a record of our families’ values from generation to generation.  Matthew’s genealogy of Jesus carried precious memories of his family.   As children of Abraham, God’s envoy, the family of Jesus remembered they carried the destiny to bless all other families of the earth  (Genesis 12:3).  Like all the Jewish people, they confessed that their patriarch Jacob was a wandering Aramean who went to live as a foreigner in Egypt (Deuteronomy 26:5).  As descendants of immigrants, the family of Jesus loved foreigners.  The fact that four of the five women mentioned in this genealogy married foreigners—Tamar, Rahab, Ruth, y Bathsheba—proves their affection for them.

Another look at the women in this list reveals that they all suffered from a bad reputation.   The Canaanite Tamar had to prostitute herself to Judah in order to get what he owed her.   Rahab, also a Canaanite, left a life of prostitution to join the people of God.  Ruth, the Moabitess, offered herself to Boaz in a risqué story that could have ended in disaster.    The tragedy of Uriah the Hittite still casts a shadow on the character of his wife Bathsheba.  Mary became pregnant in conditions that appeared shameful before her society.   One thing remains undeniable:  despite their apparent errors, the family of Jesus—an immigrant family preserved by the grace of God—loved these women and remembered them in honor.

Immigration tends to wipe away the memory of previous generations, although some descendents of immigrants make an effort to recoup their lineage through genealogical research.  People want to know who and where they came from and what values their ancestors held dear.   The constant migration of the Jewish people throughout history has resulted in the reality that no family today can prove its membership in the family of David, even though it is mathematically probable that all Jews carry at least a few lines of his genetic code. Spiritually, all Christians are children of Abraham and members of the Family of Christ.  Among our family values we still hold dear the love of foreigners and the priority of grace, which has rescued us all from our imperfect reputations.

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Nos Sentíamos como Saltamontes

El Señor le dijo a Moisés:  «Envía hombres a explorar la tierra de Canaán» …   Caleb trató de calmar al pueblo que se encontraba ante Moisés. «¡Vamos enseguida a tomar la tierra!» dijo. «¡De seguro podemos conquistarla!» Pero los demás … no estuvieron de acuerdo: … «La tierra que atravesamos y exploramos devorará a todo aquel que vaya a vivir allí. ¡Todos los habitantes que vimos son enormes! Hasta había gigantes, los descendientes de Anac. ¡Al lado de ellos nos sentíamos como saltamontes y así nos miraban ellos!».—Números 13:1-33, NTV

Cuando los israelitas enviaron espías para explorar la Tierra Prometida, la gran mayoría de ellos cayeron en la trampa del “no se puede.” Vieron el tamaño del desafío, lo salvaje de la tierra, el poder de la gente, aun la estatura de la competición. Sólo dos de ellos—Caleb y Josué—volvieron alentados y positivos en su reporte. «¡Vamos enseguida a tomar la tierra!» dijo Caleb. «¡De seguro podemos conquistarla!» El reporte indica la confianza personal de los que han visto al SEÑOR Todopoderoso y saben que Dios les acompaña.

El otro bando no vieron al SEÑOR en la Tierra Prometida. Sólo vieron gigantes.   Imagínese un mundo en el que uno sólo puede ver el poder maligno sin percibir que la bondad de Dios tiene todavía más poder. Los que no ven al SEÑOR y sus propósitos en su vida no tienen por qué sentir la confianza ante sus desafíos, y por eso, su autoestima o es mínima o es falsa. «Nos sentíamos como saltamontes y así nos miraban ellos!».Los que caminan por fe saben que su éxito no depende de su poder, sino del Campeón a su lado.

Si usted se ve como saltamonte, todo el mundo le tomará por saltamonte. Si confía que Dios pelea por usted, otros verán su confianza y percibirán el poder que tiene. Esta verdad hace una gran diferencia para el inmigrante. El nivel de confianza que usted lleva determinará cómo otros le perciben. Si usted cree que no se puede, todo el mundo se pondrá de acuerdo. Si usted sabe que sí se puede porque Dios todo lo puede, otros creerán en usted y abrirán las puertas de oportunidad para usted.

Pórtese hoy como uno que tiene a un Gigante a su lado, no como el que se acobarda delante de uno de ellos.

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados.http://www.inmigrantesdedios.org; joe@josephcastleberry.com

Dr. Joseph Castleberry es el presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es el autor de Your Deepest Dream:  Discovering God’s Vision for Your Life y The Kingdom Net:  Learning to Network Like Jesus. Sígalo en Twitter @DrCastleberry y en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

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We Felt Like Grasshoppers

The Lord now said to Moses,  “Send out men to explore the land”… Caleb tried to quiet the people as they stood before Moses. “Let’s go at once to take the land,” he said. “We can certainly conquer it!” But the other men … disagreed. “The land we traveled through and explored will devour anyone who goes to live there. All the people we saw were huge. We even saw giants there, the descendants of Anak. Next to them we felt like grasshoppers, and that’s what they thought, too!”—Numbers 13:1-33, NLT

When the Israelites sent spies to explore the Promised Land, the great majority of them fell into the trap of “It Can’t Be Done.” They saw the size of the challenge, how wild the land was, the power of the inhabitants, even the stature of their competition. Only two of them—Caleb and Joshua—came back encouraged and positive in their report. “Let’s go at once to take the land,” Caleb said. “We can certainly conquer it!” That report indicates the personal confidence of those who have see the LORD Almighty and know that God goes with them.

The other side did not see the LORD in the Promised Land. They only saw giants. Imagine a world in which you could only see evil power without perceiving the goodness of God that has even more power. Those who do not see the LORD and God’s purposes in their life have less reason to feel confident in the face of their challenges, and therefore, their self-esteem remains either minimal or ill-founded. Next to them we felt like grasshoppers, and that’s what they thought, too!”  Those who walk by faith know their success does not depend on their own power, but rather on the Champion at their side.

If you feel like a grasshopper, the whole world with take you for a grasshopper. If you trust God to fight for you, others will see your confidence and perceive the power you have. That truth makes a great difference for immigrants. The level of confidence you carry determines how others will perceive you. If you believe “it can’t be done,” the whole world will agree. If you know that “Yes, we can do it,” because God can do all things, others will believe in you and open doors of opportunity for you.

Carry yourself today like those who have a Giant on their side, not like someone cowers before one.

Copyright©2013 by Joseph L. Castleberry.  All rights reserved.http://www.inmigrantesdedios.org; joe@josephcastleberry.com

Dr. Joseph Castleberry is President of Northwest University in Kirkland Washington.  He is the author of Your Deepest Dream:  Discovering God’s Vision for Your Life and The Kingdom Net:  Learning to Network Like Jesus. Follow him on Twitter at @DrCastleberry and at http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

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Persuadido por las Bendiciones

Un día Moisés le dijo a su cuñado Hobab, hijo de Reuel, el madianita: «Vamos en camino al lugar que el Señor nos prometió, porque él nos dijo: “Yo se lo daré a ustedes”. Ven con nosotros y te trataremos bien, porque el Señor ha prometido maravillosas bendiciones para Israel. »  «No, no iré», respondió Hobab. «Debo regresar a mi propia tierra y a mi familia. » «Por favor no nos dejes,» rogó Moisés. «Tú conoces los lugares del desierto donde debemos acampar. Ven, sé nuestro guía. Si vienes con nosotros, compartiremos contigo todas las bendiciones que el Señor nos dará.»Números 10: 29-32, NTV

Dejando todo lo conocido para irse solo a un lugar totalmente desconocido da miedo a cualquier persona, y la gran mayoría de inmigrantes no lo hacen así. Usualmente, un miembro de la familia va primero, como el pionero de un grupo futuro de inmigrantes; se establece en el nuevo lugar; manda reportes de cómo le va; describe las oportunidades que existen para otros; y ofrece su guía para persuadir a otros que vengan a juntarse con él o ella. Aun los que tienen suficiente coraje para irse solos no quieren quedar aislados una vez que se radican en su nuevo sitio.

Pionero que fuera, Moisés se dio cuenta de su necesidad de ayuda y no quiso cruzar el desierto a solas.   Cómo cualquier líder verdadero, se dio cuenta de sus limitaciones y su necesidad de andar acompañado por otros líderes. Por eso, persuadió a Hobab a juntarse con el pueblo de Israel. Aparentemente Hobab fue Cusita y negro, igual que la esposa de Moisés. No compartía a consaguinidad de los israelitas, y no tenía por qué unir su destino con el de ellos. Él ya tenía tierra y una familia, y después de ayudar a su cuñado por un tiempo, sentía el deseo de volver a lo suyo, a lo conocido.

Pero a pesar de las atracciones y comodidades de lo conocido, Hobab se dejó persuadir. (Jueces 4:11 menciona a Heber el Kenita, un descendiente de Hobab entre los israelitas que tenía el mismo espíritu pionero que él.) Fíjese en el benificio que Moisés le ofreció y el factor determinante en su decisión: «Ven, sé nuestro guía. Si vienes con nosotros, compartiremos contigo todas las bendiciones que el Señor nos dará.»

No hay nada que iguala las bendiciones del Señor. La gente migra por muchos motivos, tanto los negativos de su situación original como los beneficios que un nuevo hogar ofrece. Pero los inmigrantes de Dios buscan la bendición del Señor. Se mueven con un sentido de propósito y promesa. Saben que su jornada mueve conforme al impulso del Dios que les guía.   Saben que todo valdrá la pena porque el que les llamó es fiel.

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados.http://www.inmigrantesdedios.org; joe@josephcastleberry.com

Dr. Joseph Castleberry es el presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es el autor de Your Deepest Dream:  Discovering God’s Vision for Your Life y The Kingdom Net:  Learning to Network Like Jesus. Sígalo en Twitter @DrCastleberry y en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

 

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Persuaded by the Blessings

One day Moses said to his brother-in-law, Hobab son of Reuel the Midianite, “We are on our way to the place the Lord promised us, for he said, ‘I will give it to you.’ Come with us and we will treat you well, for the Lord has promised wonderful blessings for Israel!” But Hobab replied, “No, I will not go. I must return to my own land and family.” “Please don’t leave us,” Moses pleaded. “You know the places in the wilderness where we should camp. Come, be our guide. If you do, we’ll share with you all the blessings the Lord gives us.Numbers 10: 29, NLT 

Leaving everything you know behind to go to a totally unknown place by yourself strikes fear in any person, and the great majority of immigrants don’t move that way. Usually, a member of the family goes first, as the pioneer of a future group of immigrants. The leader gets established in a new place, sends reports of how things are going, describes the opportunities that exist for others, and offers guidance to persuade others to come and join him or her. Even those who have sufficient courage to go it alone do not want to remain isolated once they get settled in a new place.

Even a pioneer like Moses realized his need of help and did not want to cross the desert alone.   Like any true leader, he knew his own limitations and his need for fellowship with other leaders. Therefore, he persuaded Hobab to join with the people of Israel.   Apparently, Hobab was a black Cushite, just like Moses’ wife. He did not share a direct genetic link to the Israelites, and he had no reason to join his destiny to theirs. He already had land and a family, and after helping his brother-in-law for a while, he felt a desire to return to his own place and family, to the known.

But in spite of whatever attractions the known may have offered Hobab, he let Moses persuade him. (Judges 4:11 mentions that Heber the Kenite, a descendent of Hobab among the Israelites who had the same pioneer spirit he had.) Pay attention to the benefit Moses offered him and the determining factor in his decision: “Come, be our guide. If you do, we’ll share with you all the blessings the Lord gives us.”

Nothing equals the blessings of the LORD. People migrate for many reasons, including the negatives of their original situation and the benefits that a new place offers. But God’s immigrants seek the LORD’s blessing. They move with a sense of purpose and promise. They know that their journey moves at the impulse of the God who guides them. They know that it will be worth it all because the one who has called them is faithful.

Copyright©2013 by Joseph L. Castleberry.  All rights reserved.http://www.inmigrantesdedios.org; joe@josephcastleberry.com

Dr. Joseph Castleberry is President of Northwest University in Kirkland Washington.  He is the author of Your Deepest Dream:  Discovering God’s Vision for Your Life and The Kingdom Net:  Learning to Network Like Jesus. Follow him on Twitter at @DrCastleberry and at http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

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Los Inmigrantes y los Racistas

Mientras estaban en Hazerot, Miriam y Aarón criticaron a Moisés porque se había casado con una cusita …  El Señor estaba muy enojado con ellos y se fue. Cuando la nube dejo de estar encima del tabernáculo, allí estaba Miriam, con su piel tan blanca como la nieve, leprosa.—Números 12:1-10, NTV 

En uno de los episodios más feos de la historia del éxodo de Israel, aprendemos que Miriam y Aarón, los hermanos de Moisés, fueron racistas. Aunque ellos no eran precisamente “blancos,” el color de su piel fue más claro que la piel de la esposa de Moisés, Séfora, que era cusita y negra. Como se sentían superiores a la gente negra, resintieron el que Moisés amara a tal mujer y sacaron el puñal de la crítica para atacarlo y humillarlo.

Importa aquí el hecho innegable de que Miriam y Aarón tenían fe en el SEÑOR. Servían como líderes de alabanza y adoración entre los israelitas. Tuvieron valentía para enfrentar a Faraón en el nombre del SEÑOR, arriesgando sus vidas por amor a su pueblo y para su liberación. La gente que, de otra manera tienen grandes méritos, pueden caer en el pecado del racismo. Así cayó Miriam y Aarón, y Miriam se hizo líder de la persecución racista contra Moisés y Séfora.

El SEÑOR se enfureció porque ama a toda la gente y odia el racismo. El juicio con el que afligió a Miriam indica que su ira se basaba en el racismo de ella, no simplemente en su rebeldía contra Moisés como el ungido de Dios. Como recompensa por su pecado, el SEÑOR la hizo blanca. En efecto, Dios dijo a Miriam: “¿Te jactas de ser blanca? ¡Bien! Te daré tu deseo y te haré todavía más blanca. Te llenaré de lepra por toda tu piel.

La historia sigue contandonos que Miriam se arrepentió, Moisés oró por ella, y el SEÑOR la sanó. El racismo no es un pecado imperdonable, siempre y cuando pidamos perdón y cambiemos de parecer.

Sea cual sea la raza del inmigrante, tiene que guardar su corazón y no permitir que, si sufre racismo, esto lo que convierta en racista. El odio de otras personas por su raza, etnicidad, o nacionalidad nunca puede justificarse ante Dios. No todos los inmigrantes son inocentes, y a veces cometen actos criminales. Sin embargo, el que haya sufrido daños a las de inmigrantes malos no justifica un prejuicio contra todos ellos.

El amor de Dios en ningun caso admite el racismo. El pueblo de Dios debe reconocer la belleza de todos los que llevan la imagen y semejanza divina en su piel. Como fue la experiencia de los padres del inmigrante Moisés, posiblemente sus hijos se casarán con alguien de otra raza. Si esto resulta así, ame a Dios amándo a sus parejas.

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados.http://www.inmigrantesdedios.org; joe@josephcastleberry.com

Dr. Joseph Castleberry es el presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es el autor de Your Deepest Dream:  Discovering God’s Vision for Your Life y The Kingdom Net:  Learning to Network Like Jesus. Sígalo en Twitter @DrCastleberry y en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

 

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