Educar para Educir

Educar para Educir:  Un Principio importante para la personalización de la educación en un sistema masivo

Un discurso entregado en La Cumbre Global de Liderazgo el 1 de Abril, 2017 en San Salvador, El Salvador por el doctor Joseph L. Castleberry, Presidente de Northwest University, Estados Unidos de América

La Biblia nos cuenta la historia de Zaqueo, un hombre que manifiestamente no estaba cumpliendo el significado de su nombre. De hecho, el nombre Zaqueo significa “hombre justo.” Justamente como un salvadoreño de la actualidad podría darle el nombre Justo o Salvador a su hijo, esperando que llegara a ser tal persona, los padres judíos de antigüedad daban nombres a sus hijos como una forma de bendición profética, una indicación de sus deseos para el destino de su prole. Pero Zaqueo no cumplía el destino que sus padres le pronunciaron. No era hombre justo.

El relato de Zaqueo en Lucas 19:1-10

Jesús llegó a Jericó y comenzó a cruzar la ciudad. Resulta que había allí un hombre llamado Zaqueo, jefe de los recaudadores de impuestos, que era muy rico. Estaba tratando de ver quién era Jesús, pero la multitud se lo impedía, pues era de baja estatura. Por eso se adelantó corriendo y se subió a un árbol sicómoro para poder verlo, ya que Jesús iba a pasar por allí.

Llegando al lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo:

―Zaqueo, baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa.

Así que se apresuró a bajar y, muy contento, recibió a Jesús en su casa.

Al ver esto, todos empezaron a murmurar: «Ha ido a hospedarse con un pecador».

Pero Zaqueo dijo resueltamente:

―Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes y, si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.

―Hoy ha llegado la salvación a esta casa —le dijo Jesús—, ya que este también es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Nueva Versión Internacional)

Aunque Zaqueo era judío, coloboraba con los imperialistas romanos como el jefe de los recaudadores de impuestos, contribuyendo a la opresión de su propio pueblo; además, se había enriquecido, falsamente cobrando a sus conciudadanos impuestos que no debían. Como tenía detrás de él toda la fuerza imperial del ejército romano, era difícil que otros le resistieran.

Los judíos de Jericó odiaban a Zaqueo. Cada vez que pronunciaron su nombre, probablemente dijeron a si mismos: “¡Hombre justo! ¡Que broma más cruel!” Zaqueo era lo que podríamos llamar un sicofante de los romanos. En castellano, la palabra sicofante se usa en baja frecuencia, pero denota una persona que hace el trabajo sucio de otros para ganar su aprobación o favor. La gente de Jericó bien entendían el griego como la lengua franca del Imperio Romano, y habrían usado la parabra en su forma original—sycofantes—para referirse a Zaqueo. Durante la época de Zaqueo, la palabra había llegado a referirse a los que sacaban información o dinero de las personas con amenazas—justo lo que Zaqueo famosamente hizo como recaudador de impuestos. Pero cuando Zaqueo el sacudidor subió al sicómoro, la palabra bien habría adquirido de nuevo su significado original y más literal. En griego, sycofantes literalmente significa “revelador de higos.” La palabra originalmente se refería a una persona que sacudía las higueras para que sus higos cayeran a tierra para ser cosechados.

La vida de Zaqueo cambió radicalmente el día que Jesús de Nazaret llegó a su pueblo. Grandes multitudes se congregaron alrededor de Jesús, y Zaqueo curiosió para saber quién era ese hombre del cual todos estaban hablando. La palabra acerca de las enseñanzas autoritativas y los milagos y las buenas obras que Jesús hacía había cobrado fama y Zaqueo quería investigarlo. Tal vez quiso cobrarle impuestos como era su trabajo hacer. Pero tenía un problema. Era un hombre de baja estatura física y no pudo ver encima de la multidad. Según San Lucas 19:1-10, Zaqueo resolvió su dilema subiendo en un sicómoro o higuerón. Allí entre el fruto del árbol, el sicofante se había instalado. Al pasar Jesús debajo del lugar del cual Zaqueo le espiaba, hizo algo impredicible. Miró arriba y llamó a Zaqueo por nombre. “Zaqueo—hombre justo—baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa.” (v. 5).

¡Qué cosa más sorprendiente! La Biblia no revela cómo Jesús conocía el nombre de Zaqueo, pero lo impresionante no es que sabía el nombre, sino que lo empleó. Si Jesús hubiera mirado al hombre y dicho, “¡Sicofante, abajo contigo!” toda la multitud habría erupcionado con risas burladores. Habría dicho alguien “Finalmente alguien ha sacudido al sacudidor de higos. El sicofante romano ha recibido una dósis de su propia medicina.” Avergonzado Zaqueo habría regresado sólo a su casa, odiado y burlado y enajenado más que nunca.

Lo que menos merecía Zaqueo era ser llamado “Justo,” pero Jesús injustamente lo llamó por su nombre. Se podría decir que Jesús lo saqueó a Zaqueo del arbol. Bajó al bajo. Sacudió al sacudidor. Intercambió roles con el sicofante.   Al sacudir al sicofante Zaqueo, Jesus lo hizo hombre justo. No lo educó, lo edujo. Sacó de él lo mejor que estaba dentro de él. Zaqueo quiso ver a Jesús y saber quién era, pero al verlo, por fin vio a si mismo. Viendo un hombre verdaderamente justo y lleno de amor, Zaqueo vió a si mismo como un hombre injusto. Vió a uno que sin conocerlo, lo reconoció más profundamente que nadie. Pero también vió lo que siempre habría querido ser. Quiso realizar su identidad y potencial más profunda. Quiso ser justo.

Inmediatamente Zaqueo bajó del arból y recibió a Jesús en su vida y en su casa. Después de cenar con Jesús, Zaqueo se paró y anunció a Jesús delante de todo el pueblo que se había congregado en su casa: “Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes y, si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.

San Lucas originalmente escribió su Evangelio en griego, y la palabra “defraudar” es la traducción de “sycofanto,” que es la palabra “sycofantes” en su forma verbal. Zaqueo confesó que había sido un sicofante, pero en el día que encontró su verdadera identidad como hombre justo en Jesús, recibió poder para la autorealización. Comenzó a ser él mismo después de vivir toda una vida bajo una identidad torcida e indigna. El hecho de que Lucas cuenta su historia unos trienta años después sugiere que Zaqueo cambió definitivamente, realizando la promesa de su nombre, ya no más odiado por sus prójimos. Ya no fue conocido por sacudir y robar y informar falsamente; de aquel día en adelante sería conocido como el hombre que restituyó lo que había robado de otros, quien ayudó a los pobres generosamente, un crédito a su pueblo. Educido por el maestro Jesús, ya no volvería a su escóndite y su identidad falsa. Por fin era Zaqueo, El Justo.

Educar y Educir

Este episodio de la carrera del gran maestro Jesucristo demuestra su método de educación—un método que consistía en educir lo mejor de toda persona. Nuestra palabra “educación” viene del verbo latino “educare,” el cual es una forma frecuentativa del verbo “educere,” de donde viene nuestra palabra “educir.” Educere significa “sacar de” y el proceso de la educación implicaba una educción a diario. Especialmente se refirió al proceso de criar a niños. Los latinos de la antigüedad entendían que la mejor educación descubría y resaltaba lo mejor que estaba dentro de cada niño.

Varios filósofos de la antigüedad expresaban el principio de la educación como el des-cubrimiento, revelando lo encubierto, lo innato en cada persona. Según la teología bíblica, los hebreos de la antigüedad y los judíos de la época del Nuevo Testamente creían que todo ser humano es creado “a la imágen y semejanza de Dios” (Génesis 1:26), pero la entrada del pecado y la maldad entre los seres humanos (Génesis 2) resultó en la verguenza y el consecuente deseo de los seres humanos de esconderse de Dios y de si mismos. El filósofo griego Platón, que estableció mucho de lo que constituye los marcos actuales del pensamiento occidental, nos relata la teoría de reminiscencia que sostenía su maestro Sócrates. En el diálogo “El Menón,” Sócrates intenta demostrar que todo verdadero aprendizaje es en verdad una revelación de las memorías que cada persona tiene del “mundo de las ideas o formas,” del cual cada persona supuestamente ha venido a este mundo inferior de apariencias. Para demostrar ese concepto, Sócates dialogó con un niño esclavo que nunca había estudiado, educiendo sofisticados conocimientos geométricos del niño a través de su famoso método socrático. Piense lo que piense uno de la teoría de reminiscencia, el Menón establece que el método socrático buscaba educir lo que estaba innato o inherente en cada persona.

Un amigo mío Ricardo Foth, el expresidente de la Universidad Betania en los Estados Unidos, tiernosamente relata una ocasión cuando su nieto de tres años estaba aprendiendo a contar con sus dedos.

―¿Cuántos son 2 más 3? dijo el Dr. Foth.

Cinco, dijo el niño, contando los dedos de una mano.

―¿Cuantos son 3 más 5?

―¡Ocho! dijo el niño con gozo, contando los dedos de las dos manos.

―¿Y cuantos son diez más dos? dijo el abuelo, capciosamente.

―No sé, dijo el niño. Tendría que tener doce dedos para poder decirte.

El niño obviamente sabía más de lo que se daba cuenta. El científico físico ruso y filósofo de ciencia Miguel Polanyi ha dicho, en su libro magisterial The Tacit Dimension (La Dimensión Tácita), que antes de saber algo concientemente, lo sabemos tácitamente. Ilustra el concepto explicando que casi todos los grandes descubrimientos científicos de nuestra época que ganaron el Premio Nobel no han sido realizados en un laboratorio, sino fuera de ese contexto de trabajo, cuando los científicos estaban relajados. A veces la revelación viene a traves de un sueño, como en el ejemplo del descubrimiento de la estructura de la molécula de benzene por el científico Kékule o el descubrimiento de la doble hélice del ADN por Watson y Crick. Muchas veces, sabemos las cosas en el subconsciente antes de que podamos elucidarlas. Para descrubrir todo lo que sabemos, o todo lo que podemos ser, necesitamos quién nos eduzca.

Es obvio en la modernidad que los seres humanos tienden a sentirse perdidos y siguen con la necesidad de encontrar lo que está dentro de si mismos. Cuando yo era niño en los 1960, toda una generación de jóvenes, inspirados por la filosofía existencialista de Jean Paul Sartre y otros, rebelaron contra la vida “inauténtica” y la “mala fe,” experimentando con el amor libre y las drogas y vidas contraculturales en una busqueda desesperada de si mismos. No ha cambiado la condición humana desde el tiempo de Adam y Eva ni desde el tiempo de Zaqueo ni en la actualidad. Todos necesitamos un maestro que nos edujerá—que nos ayudara a salir del capullo del auto-escondimiento para descubrir nuestros talentos innatos y las características individuales que nos hacen únicos entre nuestros pares y especiales y dignos ante un universo vasto e impersonal.

A pesar de esta sabiduría antigua, el método más común de la educación en el mundo actual no es la educción, sino el infame método bancario que denuncia el célebre educólogo brasileño Paulo Freire. Según este modelo, que fue pasado a nosotros desde el tiempo medieval y sus universidades nacientes, los alumnos no saben nada. De ellos no se puede educir nada. Son tablas rasas, recipientes vacíos. Siguiendo la analogía bancaria, la obra del maestro es la de sacar conocimientos de su gran cuenta de aprendizaje y depositarlos en las cuentas vacías de sus alumnos. Por eso el maestro presenta charlas delante de sus alumnos que ellos deben preservar por medio de sus notas imperfectas, aproximándose al conocimiento de su profesor superior. Para alimentar tales conocimientos, deben leer libros de texto y memorizar la información que se encuentra en ellos. A cada cuanto, los alumnos deben comprobar su aprendizaje repitiendo maquinalmente lo memorizado en exámenes por escrito.

Para algunos alumnos que son naturalmente adeptos para tal aprendizaje, el proceso puede tener cierta eficacia. Pero para la mitad de los alumnos que habitan la región inferior de la curva de campana, no resulta nada bien. Freire, motivado por su filosofía neomarxista y humanista, vió la antídota en la concientización, un método socrático que presenta situaciones de injusticia a los alumnos y elicita sus respuestas. Ellos saben que son oprimidos y no necesitan mucha educción como para darse cuenta y para buscar remedios a su situación. Aun no siendo marxista, cualquier educador puede reconocer que quedar en la [ignorancia] es una forma cruel de oppresión para el ser humano. Los maestros verdaderos tienen que hacer más que depositar información en las mentes de sus alumnos si queremos formar una sociedad y un mundo apto para la habitación y el pleno desarrollo de la raza humana.

El Dilema de la Educación Masiva

El dilema que virtualmente cada educador, cada maestro enfrenta es la aparente imposibilidad de practicar la educción cuando su aula es demasiado llena. Tal vez haya treinta o más alumnos. Algunos vienen a clase sin haberse comido el desayuno. Otros no han dormido lo suficiente porque sus padres no lo exigen. Otros sufren abuso físico, emocional o sexual en su hogar. Otros tienen impedimentos al aprendizaje como la dislexia o el síndrome de déficit de atención. Otros ocupan un lugar en la escala de evaluación del autismo. Además de estos desafíos el maestro enfrenta presiones laborales, requisitos irrealistas de parte del ministerio de educación, estándares requeridos que hay que cubrir en el aula, sueldos bajos, problemas personales, conflictos de hogar, inseguridades personales y otros limitantes de la condición humana.

¿Cómo puede el profesor en un sistema masivo velar por la educción de lo mejor en cada alumno? Los cristianos tenemos un proverbio: “Tú tal vez serás el único jesucristo que las personas lograrán ver.” La idea es que cada cristiano tiene la responsabilidad de caminar como Cristo, haciendo las obras como él las haría. La pregunta “¿Qué haría Jesucristo?” es a menudo el principio ético que guía sus acciones. El maestro también debe regir su vida por el principio de la educción: “¿Cómo puedo yo detectar lo mejor en mis alumnos hoy? ¿Cómo puedo concientizar a mis alumnos acerca de sus talentos, fuertes, pasiones personales y llamado especial en la vida?”

No hay porque negarlo ni disimularlo: es imposible dar a cada alumno la atención y cariño y apoyo que merece tener todos los días. Descartando ese reto insensato desde el principio, podemos proceder a lo posible. Uno no debe hacer lo perfecto el enemigo de lo bueno. hay pasos que podemos tomar si no nos rendimos delante de lo imposible.

Primero que todo, no todos los momentos son iguales. Según Robert Havighurst (Human development and education, 1952),

“una tarea de desarrollo es una que se aprende en un punto específico y hace posible el logro de otras tareas sucesivas posible. Cuando el tiempo adecuado venga, la habilidad de aprender una tarea en particular será posible. Esto lo denominamos “el momento enseñable.” Es importante mantener en mente que si el momento no es apto, el aprendizaje no ocurrirá. Por ende, es importante repetir los puntos importantes cuando sea posible para que cuando el momento enseñable de cualquier estudiante ocurra, él o ella puede beneficiar del conocimiento.”

El maestro cuya meta es la educción del alumno no puede prestar suficiente atención a cada alumno como para ser presente y eficaz en todos los posibles momentos enseñables de cada alumno en todas sus materias. Pero lo que realmente importa es que el maestro pueda ayudar al alumno en el objetivo educativo más importante: el descubrimiento de su identidad.

No todos los alumnos van a mostrar la misma aptitud para matemáticas o la linguística o la historia u otra materia en particular. Cada uno tiene sus talentos especiales y cada uno puede lograr un nivel aceptable de aprendizaje en cada materia, dadas las condiciones ideales. Según la teoría de inteligencias múltiples del psicólogo cognoscitivo Howard Gardner, hay por lo menos ocho diferentes tipos de inteligencia y todos tienen varios niveles de cada una. No todos tienen que sobresalir en todo. Lo más importante es que cada alumno tenga la oportunidad de sobresalir en algo y recibir reconocimiento de sus talentos especiales.

Todos hemos tenido momentos enseñables en las que alguien reconoció nuestro valor en una manera impactante. El maestro debe resistir cualquier teoría de enseñanza que no le permita afirmar los fuertes de sus alumnos. En los doce o trece años que un alumno esté dentro de la educación primaria y secundaria, lo más importante es que sale de su educación conociéndose a si mismo. Desde los filósofos pre-socráticos, uno de los aforismos más importantes para la educación ha sido gnothi seauton, conócete a ti mismo. Cuando un alumno gradua de o abandona el sistema escolar sin haber logrado un verdadero conocimiento de si mismo, de su mejor ser, de sus talentos y destrezas y pasiones y amores, se puede decir que el sistema ha fracasado totalmente.

La educción de nuestros alumnos no es una de nuestras tareas. Es el objetivo maestro que da sentido a todas las tareas que elaboramos.

Los estudiantes y la educción

Los maestros deben buscar luz de varias fuentes para el desarrollo de sus alumnos. Los mismos estudiantes nos pueden indicar cuales son sus talentos y otras características de identidad, pero a veces tal conocimiento es tácito o se tiene con tal falta de confianza que necesita la afirmación de un maestro u otro adulto. Las observaciones compartidas de los profesores son imprescindibles. Los padres de los estudiantes también representan una fuente importante de revelación de los estudiantes. El maestro responsable debe estar buscando evidencias de lo educible en sus alumnos de cualesquiera fuentes sean disponibles, incluyendo las observaciones de colegas. Nunca debemos olvidar que un solo momento enseñable puede cambiar para bien la vida de nuestros alumnos.

La historia de Isaías

A veces los estudiantes son los mejores para educir a sus pares. En la universidad que presido, mi alumno favorito se llama Isaías. Isaías nació en una familia afroamericana que vivía en pobreza y ultimamente se dividió cuando su padré abandonó la casa. La situación caótica de Isaías contribuyó a su total fracaso en las escuelas públicas, y cuando llegó a su penúltimo año de colegio, su promedio de notas era menos de uno en una escala de cuatro. No tenía futuro académico, como ningúna universidad aceptaría a un estudiante con tales notas y él mismo no creía en sus habilidades.

Por casualidad, Isaías conoció a unos jóvenes de una prestigiosa escuela cristiana en la ciudad de Bellevue. Los padres de esos estudiantes eran milionarios y hasta mil milionarios. Sucedió que uno de los estudiantes invitó a Isaías a participar en un campamento de jóvenes patrocinado por un ministerio cristiano. Él no disponía de los fondos para poder asistir, pero los padres del jóven que lo invitó ofrecieron pagar sus costos. El campamento cambió su vida. Los jóvenes adinerados lo aceptaron como amigo y le hicieron conocer a su maestro. No hablo de su profesor de escuela, sino de Jesucristo. Al conocerlo a él, Isaías volvió del campamento como otro hombre, o mejor decir, como alguien que había encontrado a sus verdadero ser.

Los nuevos amigos de Isaías sabían que él no podía florecer en el sistema masivo de las escuelas públicas de Bellevue—aunque éstas han sido reconocidas por décadas entre las mejores escuelas públicas de los Estados Unidos. Hablaron con sus padres, que se pusieron de acuerdo para pagar las cuotas de Isaías para estudiar en uno de los colegios privados más caros de nuestra región. Inmediatamente las notas de Isaías comenzaron a mejorar, gradualmente las notas de seis se hicieron siete, las siete se hicieron ocho, y en algunos casos, las ocho se hicieron nueve. Los talentos de Isaías comenzaron a revelarse, aunque al final de sus estudios secundarios su promedio de calificaciones por los últimos cuatro años no fue lo suficiente para ganar admisión a las universidades de mayor reputación.

Aunque Isaías no había podido recuperar su promedio académico, sí habia llegado a ser el estudiante más popular de la escuela por su guapura, su carisma, y sus talentos. Durante sus últimos dos años, se había enamorado mutuamente con la hija de milionarios del Microsoft, y el padre de la jóven me lo presentó. Quedé impresionado con su confianza, su expresión verbal y su ambición. Luego me explicaron que Isaías quería estudiar en Northwest University, pero no tenía fondos ni un promedio académico que justificara una beca. Vi una oportunidad única. Pedí tiempo para formular un plan. Luego pude anunciar que habíamos llegado a un acuerdo con los padres que le ayudaron a pagar su colegiatura. La universidad pagaría el 75% de su matrícula en forma de becas si los padres donadores pagaran el resto de sus costos. No es nada usual que ofrezcamos tal beca, pero vi en Isaías algo especial.

La universidad se comprobó como el campo ideal para Isaías. Sobresalió tanto en sus estudios que aplicó para estudiar su segundo año en la Universidad de Oxford. Allí se perfiló como líder estudiantil y floreció académicamente en el estudio de la filosofía bajo el sistema tutorial, reuniéndose una vez por semana con sus tutores y recibiendo atención personalizada. Después de un año de éxito impresionante en Oxford, fue seleccionado para participar en un prestigioso programa de verano para jóvenes líderes afroamericanos en Washington, DC—el único participante que no vino de las famosas universidades de la Ivy League. Ahora sus planes después de graduarse de Northwest son de hacer posgrado en la Facultad de Negocios de Harvard o en la de Stanford, siendo que las dos universidades lo están reclutando con mucho interés. Su futuro promete grandes oportunidades que su pasado nunca podría haber vaticinado. Y todo esto resultó porque un amigo vio algo en él, lo edujo, lo invitó a un campamento de jóvenes y se lo presentó a Jesucristo, y a la medida que su identidad y sus talentos y su llamado siguieron siendo educidos, otras personas vieron algo más en él que fue digno de educir.

Lamentablemente, tal educción nunca será la realidad de todas las personas. Pero los educadores deben entender que la educción representa el corazón de su obra y llamado profesional. Existen realidades que estructuran y limitan nuesta labor, indudablemente. Pero no cancelan el meollo de nuestra dignidad como educadores y no justican un abandono de nuestra obra.

El peso de la gloria

El recio escritor cristiano C.S. Lewis de fama como don de Oxford y profesor de Cambridge, habló de la responsabilidad que todo ser humano tiene de pensar en la educción de los demás en un famoso ensayo titulado “El peso de la gloria”:

Tal vez a partir de ahora cada uno pueda pensar demasiado en de su propia gloria: difícilmente podremos pensar demasiado sobre la del prójimo. La carga o el peso de la gloria de mi prójimo se coloca diariamente sobre mi espalda. Se trata de un lastre tan pesado que sólo el humilde puede soportarlo. Las espaldas del soberbio se quebrarán bajo su peso. Es muy serio vivir en una sociedad de posibles dioses y diosas, recordar que la persona más tonta y simple con la que podamos hablar puede ser algún día una criatura ante cuya presencia nos sentiríamos movidos a adorarla o una naturaleza horrorosa y corrupta semejante a lo que veríamos en una pesadilla. Día tras día nos ayudamos de algún modo los unos a los otros a encaminarnos hacia uno de esos dos destinos. A la luz de esas aplastantes posibilidades, el temor reverencial y la circunspección ante ambas deberían dirigir nuestra conducta y trato con los demás: nuestras amistades, amores, los momentos de juego y la actividad política. No hay gente ordinaria. Nunca hemos hablado con un mero mortal. Mortales son las naciones, culturas, corrientes artísticas y civilizaciones. Su vida se parece a la nuestra como la de un mosquito. Los seres con quienes bromeamos, trabajamos, nos casamos, a quienes desairamos y explotamos son inmortales —horrores inmortales o esplendores inacabables—.”

Los que creemos en el alma eterna de todo ser humano podemos decirle el “Amén” a Lewis cuando transcendamos la obra de enseñar la mera información y dar la cuota adicional de devoción que requiere la educción de la gloria de todos nuestros alumnos.

 

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Navidad Hogareña

María dio a luz a su primer hijo, un varón. Lo envolvió en tiras de tela y lo acostó en un pesebre, porque no había alojamiento disponible para ellos.–Lucas 2:7, NTV

 

En la época navideña, todo el mundo piensa en su hogar y familia. La Navidad hogareña es un bello ideal. En la cultura norteamericana, no hay una temporada más asociada con el hogar que la Navidad. Una canción célebre entonada por el ilustre Bing Crosby decía, “Habrá nieve y muérdago y regalos bajo el árbol.” Todos quieren sentarse alrededor de ese árbol tradicional y la mesa familiar, disfrutando de las comidas de fiesta, el círculo familiar, la seguridad cálida.   Pero cuando uno se pone a pensar en la primera navidad, ninguno de sus héroes se encontraba en su casa. María y José no se alojaban en una casa. Ni siquiera gozaban de posada alguna. Los pastores de oveja no disfrutaban la fogata de sus hogares. Los reyes magos habían vagado muy lejos de sus casas en su búsqueda del niño Jesús. Jesucristo mismo, por supuesto, había viajado aun más lejos de casa, habiendo dejado la gloria del cielo y el compañerismo trinitario para vestirse de humildad en la forma de un infante.

 

Al pensarlo más, sólo los villanos de la Navidad—Herodes y el posadero—se encontraban en casa. Es una gran ironía, de hecho, que el verdadero significado de la Navidad no tiene nada que ver con estar en casa. Tiene todo que ver con dejar el hogar de uno para emprender una misión justa para salvar a los que tienen necesidad de un salvador. Muchos inmigrantes este año se encontrarán muy lejos de sus amados familiares y de su hogar en la época de Navidad, pero habrán venido para salvar las vidas de ellos, para prepararles un camino a una tierra prometida, para asegurar su futuro y forjar la senda de la oportunidad.

 

Mi oración para ellos es que Dios les haga conocer su amor ilimitado, reflejado en Cristo, el Salvador que ellos necesitan, no sólo ahora, sino para la eternidad. ¡Feliz Navidad a todos!

Dr. Joseph Castleberry es presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es autor de The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (próximamente en August 2015, Worthy Publishing). Sígalo en Twitter @DrCastleberry y  en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

 

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La Puerta Angosta

Solo puedes entrar en el reino de Dios a través de la puerta angosta. La carretera al infierno es amplia y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino. 14 Sin embargo, la puerta de acceso a la vida es muy angosta y el camino es difícil, y son solo unos pocos los que alguna vez lo encuentran.Mateo 7:13-14 NTV

La gente usualmente tiende hacia el facilismo.  El consumidor en el mercado busca la mejor calidad, el acceso inmediato, los precios más baratos y las puertas abiertas a toda hora del día.  ¿Es lo que merecemos como usuarios, no es cierto?  El cliente siempre tiene la razón, ¿no?
Esos razonamientos son faltos de valor en términos del Reino de Dios. El Reino no es un mercado, y el único que puede entrar es el que reconoce que no ha tenido la razón.  Ninguno de nosotros puede encontrar el Camino a la salvación por sí solo.
Cuando Jesucristo siguió el camino a nuestra salvación, el camino fue difícil y la puerta, angosta.  Ese camino muy literal—la famosa Vía Dolorosa en Jerusalem—costó mucho subir y Jesús gastó toda la fuerza de su vida para recorrerlo. La puerta fue angosta, siendo ella una cruel cruz.
Si el autor de nuestra salvación sufrio asi para abrirnos la brecha a la vida eterna, no podemos esperar un camino fácil.  La única vía que nos conduce a la vida es la que el conoció, en la cual él nos conduce en cada paso.
Los inmigrantes saben algo acerca de caminos difíciles, y muchos de ellos pueden dar testimonio de cómo Jesús les ha servido de guía.  Pero llegar a un nuevo país es sólo la mitad del camino.  Cristo sigue adelante, y ahora no es el momento para tomar otro camino.

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados. joseph.castleberry@northwestu.edu

Dr. Joseph Castleberry es presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es autor de The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (próximamente en August 2015, Worthy Publishing). Sígalo en Twitter @DrCastleberry y  en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

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The Narrow Gate

You can enter God’s Kingdom only through the narrow gate. The highway to hell is broad, and its gate is wide for the many who choose that way. But the gateway to life is very narrow and the road is difficult, and only a few ever find it.—Matthew 7:13-14 NLT

People usually tend to prefer the easy way.   Consumers in the market look for the best quality, immediate access, the cheapest prices, and open doors 24/7.   As customers, we deserve that, don’t we?  The customer is always right.  Right?
These reasonings have no value in the Kingdom of God.  The Kingdom is not a market, and the only ones who can enter it are those who recognize that they’ve been wrong.  None of us can enter the Road to Salvation on our own.
When Jesus followed the road that brought us Salvation, the road was difficult and the gate was narrow.  That very literal road–the famous  Vía Dolorosa in Jerusalem—was hard to climb, and Jesus used up all the strength of his life to walk it.   The gate was narrow indeed, consisting of a cruel cross.
If the author of our salvation suffered in such a way to open a breach into eternal life, we cannot expect an easy road.   The only way that leads us to life is the one he knew, one in which he will guide us in every step.
Immigrants know something about difficult roads, and many of them can give testimony to how Jesus has served them as a guide.  But to arrive in a new country gets them only halfway home.  Christ continues to press on along the difficult road, and now is no time for us to take another way.

 

Copyright©2013 Joseph L. Castleberry.  All rights reserved. joseph.castleberry@northwestu.edu

Dr. Joseph Castleberry is president of Northwest University in Kirkland, Washington.  He is the author of The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (forthcoming, August 2015, Worthy Publishing). Follow him on Twitter @DrCastleberry and at http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

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Cuña Radial/Radio Spot

Grabé esta cuña radial para informar a la comunidad latina de nuestro programa de becas  en Northwest University.

I recorded this radio spot to inform the Latino community about our scholarship program  at Northwest University.

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Puertas Abiertas

Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá.—Mateo 7:7 NTV
 ¡Puertas abiertas!  El inmigrante que ora pide a Dios que al llegar a su destino encontrará las puertas abiertas.  Los que no tienen una visa que oficialmente otorga su entrada entienden que hallarán la puerta cerrada.  Sin embargo, esperan donde no hay esperanza, creyendo que Dios hará una senda donde no la haya, una balsa donde no haya puente, un atajo que corte caminos largos e impasables.
Tanto el inmigrante no autorizado como el que recibe la bienvenida más cálida dependen de puertas abiertas—al trabajo, la educación, la provisión de necesidades básicas.  No todo el mundo tiene la valentía y la fe para arriesgar todo para buscar un futuro en tierra desconocida, en espacios detrás de la puertas cerradas.
Es poco probable que Jesús pensaba en inmigrantes cuando animó a sus discípulos a no rendirse en la oración, sino de seguir pidiendo, buscando y llamando.  Pero su consejo a ellos cabe perfectamente en el contexto del inmigrante.  La fe cristiana no ofrece riquezas instantáneas, ni soluciones al minuto, ni hallazgos inmediatos.  La fe no es un atajo.  Es poder para el largo camino. Los que no se rinden, que siguen creyendo en la bondad de su Padre Dios, aun cuando todas las puertas parecen cerradas, al final entrarán en la Tierra Prometida.

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados. joseph.castleberry@northwestu.edu

Dr. Joseph Castleberry es presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es author de The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (próximamente en August 2015, Worthy Publishing). Sígalo en Twitter @DrCastleberry y  en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

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Open Doors

Keep on asking, and you will receive what you ask for. Keep on seeking, and you will find. Keep on knocking, and the door will be opened to you.Matthew 7:7 NLT

Open doors!  Immigrants who pray ask God to help them in finding open doors at their destination when they arrive there.  Those who do not have a visa that officially authorizes their entry understand that they will find a closed door.  Nevertheless, they hope where there is no hope, believing that God will make a paths where there is none, a raft where there is no bridge, a shortcut that will allow them to avoid long and impassable roads.
The unauthorized immigrant, just like the one who receives the warmest welcome, depends on open doors–to work, to education, to the provision of basic needs.  Not everyone has the courage and faith to risk everything to seek a future in an unknown country, in the spaces behind closed doors.
It is not likely that Jesus was thinking about immigrants when he encouraged his disciples not to give up in prayer, but rather to keep on asking, seeking, and knocking. But his counsel  to them fits perfectly in the context of the immigrant.  Christian faith does not offer instant riches, nor minute-made solutions, nor immediate finds.  Faith is not a shortcut.  It is power for the long road.  Those who do not give up, who keep believing in the goodness of their Father God, even when all the doors seem closed, in the end will enter into the Promised Land.

Copyright©2013 by Joseph L. Castleberry.  All rights reserved. joseph.castleberry@northwestu.edu

Dr. Joseph Castleberry is President of Northwest University in Kirkland, Washington.  He is the author of  The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (forthcoming in August 2015, Worthy Publishing). Follow him on Twitter @DrCastleberry and at http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

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