¡Una sola lengua!

Hubo un tiempo en que todos los habitantes del mundo hablaban el mismo idioma y usaban las mismas palabras.  Al emigrar hacia el oriente, encontraron una llanura en la tierra de Babilonia y se establecieron allí …  Entonces dijeron: «Vamos, construyamos una gran ciudad para nosotros con una torre que llegue hasta el cielo. Eso nos hará famosos y evitará que nos dispersemos por todo el mundo».—Génesis 11:1,2,4, NTV

¡Una sola lengua!  Tal vez no haya existido ni un tan solo inmigrante en toda la historia de la tierra que no hubiera querido que tal condición humana permaneciera hasta su día.  Los idiomas siempre han sido una de las dificultades más humillantes para los inmigrantes. Los nativos siempre critican a los inmigrantes, acusándoles de no querer aprender la lengua dominante de su nuevo hogar, temiendo que el idioma de los inmigrantes llegue a abrumar la lengua nativa.  De hecho, eso mismo suele suceder con cierta frecuencia en la historia de la migración.

Irónicamente, el primer problema linguístico relacionado con la migración resultó de la resistencia a la emigración y no de la inmigración.

Los pobladores de Babel entraron en pánico cuando vieron que la raza humana se esparcía.  Tal vez temían algunos de los más ambiciosos entre ellos que iban a perder la oportunidad de dominar la humanidad.  En cualquier caso, su solución a la crisis de emigración incluyó la construcción del primer metrópolis.  Su urbe, cual imán con su magnificiente torre, atraería a toda la humanidad, sometiendo la raza humana a su dominio cultural, económico y gubernamental.   Ellos así detendrían la obediencia al mandato de Dios de llenar la tierra.  Su reino, y no el de Dios, vendría.  Su voluntad se haría en la tierra.

De niño me enseñaron que los constructores de la torre quisieron subir al Cielo por medio de su torre.  El texto bíblico no permite tal interpretación. El proyecto rebelde de los hombres de Babel les haría famosos, y evitaría que se dispersieren por todo el mundo.  Aunque sí quisieron prerrogativas divinas, no desearon migrar al cielo, sino quedarse en su propio lugar y dominarlo.  Así ganarían control de los que vinieran urbanizándose para aprovecharse de las oportunidades citadinas.

Babel así se hizo el primer imperio. Como todos los imperios que vendrían después en la historia, edificaron una ciudad con una torre alta para reflejar su grandeza.  Una sola ciudad y sus gobernantes establecerían su hegemonía sobre todas las naciones de la tierra.

Pero Dios no lo permitió. Sólo uno tiene el derecho de gobernar todas las naciones, y el reinará por los siglos de los siglos  (Apocalipsis 11:15).  El Verbo de Dios arruinó las pretensiones de Babel, confundiendo su idioma, garantizando la emigración y con ello, el cumplimiento de la misión de Dios.

Copyright©2013 by Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados.

http://www.inmigrantesdedios.org; joe@josephcastleberry.com

Dr. Joseph Castleberry es el presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es el autor de Your Deepest Dream:  Discovering God’s Vision for Your Life y The Kingdom Net:  Learning to Network Like Jesus.  Sígalo en Twitter  @DrCastleberry y en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

Acerca de joseph6castleberry

A missionary to Latin America for 20 years, I currently serve as president of Northwest University in Kirkland, WA. I am the author of Your Deepest Dream (NavPress, 2012) and The Kingdom Net: Learning to Network Like Jesus (Influence Resources, 2013).
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