Serving in the Military of a New Homeland

Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que estaban de su parte, y derrotaron a los refaítas … a los zuzitas … a los emitas … y a los horeos … y devastaron todo el país de los amalecitas, y también al amorreo … Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan.  Y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco. Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente. —Génesis 14:5-16, NTV

Por catorce años, Quedorlaomer había ejercido su reinado imperial sobre los varios reyes de Canaán y sus alrededores.  Al final, los vasallos se levantaron para librarse de su dominio.  El imperio contraatacó, y al principio, el tirante prevalecía.  Pero cuando secuestró a Lot, el sobrino de Abram, se metió en problemas.  Acompañado por 318 de sus criados y el Señor de los Huestes, Abram aplastó al conquistador y recuperó a su gente, juntos con las riquezas de Sodoma, los cuales devolvió a su rey, menos el diezmo que pagó a Mequizedek, el Rey de Salem y el Sacerdote del Dios Altísimo.

En la historia de la migración, muchos inmigrantes han reconocido beneficio propio en servir en las fuerzas armadas de su país anfitrión. A veces lo han hecho por amor a su nueva patria, otras veces porque vieron la necesidad de proteger su familia y hogar de invasores y conquistadores.  Algunos han buscado tesoro u otra recompensa, mientras otros han peleado para ganar ciudadanía o propiedad en su país adoptado.  Muchas veces, su milicia a favor de una nación, al lado de camaradas en armas que se hace una banda de hermanos, los convierte en ciudadanos de corazón en su nuevo país.  Se merecen el honor de una nación agradecida.

En el caso de Abram, sus motivos fueron personales y su ciudadanía no cambió para nada.  Su sobrino y su gente lo necesitaba.  Abram no le debía absolutamente nada al malvado rey de Sodoma y no aceptó recompensa alguna de él.  Su lealtad real se reflejó en el diezmo que pagó al Dios Altísimo.  Como se dice en Hebreos 11:9-10, Abram “habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena … porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

En cuanto a nosotros, sea cual sea nuestra ciudadanía terrenal, la última lealtad se debe a Dios.

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados.

http://www.inmigrantesdedios.org; joe@josephcastleberry.com

Dr. Joseph Castleberry es el presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es el autor de Your Deepest Dream:  Discovering God’s Vision for Your Life y The Kingdom Net:  Learning to Network Like Jesus.  Follow him on Twitter at @DrCastleberry and at http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

Acerca de joseph6castleberry

A missionary to Latin America for 20 years, I currently serve as president of Northwest University in Kirkland, WA. I am the author of Your Deepest Dream (NavPress, 2012) and The Kingdom Net: Learning to Network Like Jesus (Influence Resources, 2013).
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