No Se Puede Emigrar del Mal; Hay que Expulsarlo

“¡Oh, no, mi señor!, suplicó Lot. Ustedes fueron tan amables conmigo y me salvaron la vida, y han mostrado una gran bondad pero no puedo ir a las montañas.  La destrucción me alcanzaría allí también, y pronto moriría.  Miren, hay una pequeña aldea cerca.  Por favor, déjenme ir allá.  ¿No ven lo pequeña que es?  Así no perderé la vida.”   “Está bien,” dijo el ángel, “concederé tu petición.  No destruiré la pequeña aldea.  ¡Pero apresúrate!  Escapa a la aldea, porque no puedo hacer nada hasta que llegues allí.”—Génesis 19:18-22 (NTV)

Huyendo del juicio de los malvados sodomitas, Lot y su familia lamentaban el abandono de su vida urbana.  Acostumbrados a la cómoda vida conveniente que la ciudad ofrecía, les espantaba la idea de buscar refugio en las montañas, donde no habría albergue de los elementos del clima y protección de los animales salvajes.

Ante ese temor, Lot razonaba que no tendría ningún  problema al buscar refugio en un pueblito.  Los ciudadanos degenerados de Sodoma ciertamente merecían su castigo, pero seguramente los moradores de una aldea pequeña gozarían de un superior carácter moral.  “Todo el mundo sabe” que existe más maldad en las ciudades que en las aldeas.  A pesar del obvio poder divino que los ángeles controlaban, Lot asumía que la “sabiduría convencional” le serviría como mejor guía para su rescate que el criterio de sus visitantes ocasionales.  Después de todo, ¿que saben los recién llegados?

Pero “todo el mundo” no tiene la razón.  El pecado y la rebeldía contra Dios no emana del contexto urbano, sino del corazón humano.  Aunque las aldeas pequeñas saben albergar sus pecados más secretamente que las ciudades, no quedan exentos del pecado universal que aflige a los seres humanos.  Después de poco tiempo allí entre los aldeanos, Lot se dio cuenta que las montañas le proporcionaban un escóndite más seguro.

Dentro de poco tiempo en su nuevo hogar, el inmigrante se da cuenta que no se puede emigrar de la maldad.  Como dice el antiguo refrán, “por todos lados se cuecen habas.” Irónicamente, este proverbio no tiene sentido literalmente, siendo que no todo el mundo conoce el haba.  Sin embargo, la frase acierta al declarar la universalidad de los problemas humanos que resultan del pecado.  Sólo varian en forma de lugar en lugar.  No vale nada salir de un contexto malo si llevamos el mal en nuestro corazón como contrabando.  Hay que dejarle a Dios expulsarlo desde adentro de nuestras vidas.  El arrepentimiento personal vale mucho más para el estado moral que un mero cambio de sitio.

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados.

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Dr. Joseph Castleberry es el presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es el autor de Your Deepest Dream:  Discovering God’s Vision for Your Life y The Kingdom Net:  Learning to Network Like Jesus.

Sígalo en Twitter  @DrCastleberry y http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

Acerca de joseph6castleberry

A missionary to Latin America for 20 years, I currently serve as president of Northwest University in Kirkland, WA. I am the author of Your Deepest Dream (NavPress, 2012) and The Kingdom Net: Learning to Network Like Jesus (Influence Resources, 2013).
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