Lucha Libre Con Dios, Quien Nos Tiene en sus Brazos

Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer.  Cuando el hombre vio que no ganaría el combate, tocó la cadera de Jacob y la dislocó.  Luego el hombre le dijo:—¡Déjame ir, pues ya amanece!—No te dejaré ir a menos que me bendigas —le dijo Jacob.  —¿Cómo te llamas? —preguntó el hombre. —Jacob —contestó él.  —Tu nombre ya no será Jacob —le dijo el hombre—. De ahora en adelante, serás llamado Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. —Génesis 32:22-28, NTV

Su familia ya había cruzado el río, dejando a Jacob a solas en su campamento. La vida del inmigrante se llena de mucha soledad, y cuando no hay nadie más con quien luchar, nos volvemos a una lucha con Dios.  En su propio campamento, resistiendo el señorio de Dios, Jacob seguía en su pelea inútil para mantener su propia voluntad.  Él quería tener la ayuda y la bendición de Dios, pero no al costo de su autonomía.

Dios se dejó vencer por él patético Jacob, porque antes había decidido bendecir a los descendientes de Abraham. Con su destino ya fijo, Jacob se hizo el ridículo,  exigiendo que Dios hiciera lo que Dios ya había predestinado para él.

Hay mucho que Dios hará para ayudarnos u orientarnos, pero violar nuestro libre albedrío no cabe en sus planes.  Cuando no se podía nada con el luchador ridículo—solo le faltaba la máscara para llenar el perfil—Dios con un solo toquecito le dislocó la cadera y lo declaró el ganador irónico.  También le concedió el trofeo (su herida) para recordar la pelea y el título de campeón, “Israel.”

Dios tiene al inmigrante en su corazón y en sus brazos.  Podemos descansar en esos brazos fuertes y disfrutar del destino glorioso que Dios tiene para con nosotros, o podemos luchar contra él.  No parece sabio asumir que, igual como al eligido Jacob, Dios nos va a bendecir, pase lo que pase.  Dios también puede soltarnos a seguir en lo nuestro, tomando caminos que nos alejarán, aun permanentemente, de la voluntad de Dios.  Graves heridas resultarán que marcarán nuestro paso por el resto de la vida.  Los trofeos de nuestra lucha contra Dios sólo comprobarán nuestra necedad.  Lo peor sucederá si Dios nos deja “vencer” su deseo de bendecirnos, dejándonos luchar a solas, con nosotros mismos—la lucha que nadie nunca puede ganar.

 

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados.  http://www.inmigrantesdedios.org; joe@josephcastleberry.com

Dr. Joseph Castleberry es el presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es el autor de Your Deepest Dream:  Discovering God’s Vision for Your Life y The Kingdom Net:  Learning to Network Like Jesus

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Acerca de joseph6castleberry

A missionary to Latin America for 20 years, I currently serve as president of Northwest University in Kirkland, WA. I am the author of Your Deepest Dream (NavPress, 2012) and The Kingdom Net: Learning to Network Like Jesus (Influence Resources, 2013).
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