Los Inmigrantes y los Racistas

Mientras estaban en Hazerot, Miriam y Aarón criticaron a Moisés porque se había casado con una cusita …  El Señor estaba muy enojado con ellos y se fue. Cuando la nube dejo de estar encima del tabernáculo, allí estaba Miriam, con su piel tan blanca como la nieve, leprosa.—Números 12:1-10, NTV 

En uno de los episodios más feos de la historia del éxodo de Israel, aprendemos que Miriam y Aarón, los hermanos de Moisés, fueron racistas. Aunque ellos no eran precisamente “blancos,” el color de su piel fue más claro que la piel de la esposa de Moisés, Séfora, que era cusita y negra. Como se sentían superiores a la gente negra, resintieron el que Moisés amara a tal mujer y sacaron el puñal de la crítica para atacarlo y humillarlo.

Importa aquí el hecho innegable de que Miriam y Aarón tenían fe en el SEÑOR. Servían como líderes de alabanza y adoración entre los israelitas. Tuvieron valentía para enfrentar a Faraón en el nombre del SEÑOR, arriesgando sus vidas por amor a su pueblo y para su liberación. La gente que, de otra manera tienen grandes méritos, pueden caer en el pecado del racismo. Así cayó Miriam y Aarón, y Miriam se hizo líder de la persecución racista contra Moisés y Séfora.

El SEÑOR se enfureció porque ama a toda la gente y odia el racismo. El juicio con el que afligió a Miriam indica que su ira se basaba en el racismo de ella, no simplemente en su rebeldía contra Moisés como el ungido de Dios. Como recompensa por su pecado, el SEÑOR la hizo blanca. En efecto, Dios dijo a Miriam: “¿Te jactas de ser blanca? ¡Bien! Te daré tu deseo y te haré todavía más blanca. Te llenaré de lepra por toda tu piel.

La historia sigue contandonos que Miriam se arrepentió, Moisés oró por ella, y el SEÑOR la sanó. El racismo no es un pecado imperdonable, siempre y cuando pidamos perdón y cambiemos de parecer.

Sea cual sea la raza del inmigrante, tiene que guardar su corazón y no permitir que, si sufre racismo, esto lo que convierta en racista. El odio de otras personas por su raza, etnicidad, o nacionalidad nunca puede justificarse ante Dios. No todos los inmigrantes son inocentes, y a veces cometen actos criminales. Sin embargo, el que haya sufrido daños a las de inmigrantes malos no justifica un prejuicio contra todos ellos.

El amor de Dios en ningun caso admite el racismo. El pueblo de Dios debe reconocer la belleza de todos los que llevan la imagen y semejanza divina en su piel. Como fue la experiencia de los padres del inmigrante Moisés, posiblemente sus hijos se casarán con alguien de otra raza. Si esto resulta así, ame a Dios amándo a sus parejas.

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados. joseph.castleberry@northwestu.edu

Dr. Joseph Castleberry es presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es author de The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (próximamente en August 2015, Worthy Publishing). Sígalo en Twitter @DrCastleberry y  en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

 

 

Acerca de joseph6castleberry

A missionary to Latin America for 20 years, I currently serve as president of Northwest University in Kirkland, WA. I am the author of Your Deepest Dream (NavPress, 2012) and The Kingdom Net: Learning to Network Like Jesus (Influence Resources, 2013).
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