El Exilio: Camino al Poder

Después de que los sabios se fueron, un ángel del Señor se le apareció a José en un sueño. «¡Levántate! Huye a Egipto con el niño y su madre —dijo el ángel—. Quédate allí hasta que yo te diga que regreses, porque Herodes buscará al niño para matarlo».  Esa noche José salió para Egipto con el niño y con María, su madre, y se quedaron allí hasta la muerte de Herodes.—Mateo 2:13-15 NLT
Durante mis años como expatriado viviendo en cierto país, varios líderes nacionales huyeron al extranjero para evitar el encarcelamiento.  Una vez cuando lamenté la salida de uno de ellos, un amigo me dijo, “No se preocupe de él.  Aquí uno no puede llegar a la presidencia mientras no haya sufrido primero el exilio político.”  El estatus de exiliado en otro país puede constatar el patriotismo dramático que el máximo liderazgo demanda.
Sin embargo, el exilio político es una ofensa grave contra los derechos humanos.  El Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos insiste que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones.”  También esa fortaleza de la libertad dice que “En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país (Artículo 14).”
Como dice el documento católico Exsul Familia Nazarethana:
Jesús, María y José, emigrantes a Egipto y refugiados allí para sustraerse a las iras de un rey impío, son el modelo, el ejemplo y el consuelo de los emigrantes y peregrinos de todos los tiempos y lugares y de todos los prófugos de cualquiera de las condiciones que, por miedo de las persecuciones o acuciados por la necesidad, se ven obligados a abandonar la patria, los padres queridos, los parientes y a los dulces amigos para dirigirse a tierras extrañas.
De acuerdo con Mateo 25:40, cuando servimos a tales como ellos, ministramos a Jesús de la misma manera.
El exilio a Egipto no representó la primera vez que Jesús abandonara sus derechos para nuestro bien.  Antes de despojarse de sus derechos humanos, Jesús había puesto a un lado sus derechos divinos para tomar la forma humana (Filipenses 2:7).  Y no fue el exilio a Egipto la última vez que él tuviera que suspender sus derechos para nosotros, sino la primera instancia de una larga seria de contradicciones. Al final, su exilio del cielo y el sacrificio de sus derechos hizo posible el día inexorable de su coronación como rey vitalicio de la humanidad.  Y su vida y reino serán eternos.

 

Copyright©2013 por Joseph L. Castleberry.  Todos los derechos reservados. joseph.castleberry@northwestu.edu

Dr. Joseph Castleberry es presidente de Northwest University en Kirkland, Washington.  Es author de The New Pilgrims:  How Immigrants are Renewing America’s Faith (próximamente en August 2015, Worthy Publishing). Sígalo en Twitter @DrCastleberry y  en http://www.facebook.com/Joseph.Castleberry.

Acerca de joseph6castleberry

A missionary to Latin America for 20 years, I currently serve as president of Northwest University in Kirkland, WA. I am the author of Your Deepest Dream (NavPress, 2012) and The Kingdom Net: Learning to Network Like Jesus (Influence Resources, 2013).
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